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Nuestra alimentación está formada por una gran variedad de alimentos, que conforman los platos de nuestros menús de cada día.

En cuanto estos alimentos son ingeridos, nuestro sistema digestivo es el encargado de descomponerlos en nutrientes para que, posteriormente, sean absorbidos y el organismo se beneficie de todas sus propiedades.

Este proceso se efectúa de manera cómoda, sin que sintamos mayores molestias ni dificultades, aunque existen según qué tipos de alimentos que, o bien por deficiencia de enzimas o por algún desajuste en nuestro sistema digestivo, somos incapaces de digerir.

intolerancias alimenticias

Denominamos Intolerancia alimentaria al tipo de reacción adversa del propio metabolismo (sin participación del sistema inmunológico, en este caso, se trataría de una alergia alimentaria) ante la ingestión de un alimento o sustancia contenida en éste.

Los síntomas más frecuentes cuando se padece una intolerancia alimentaria suelen ser:

  • Cansancio
  • Fatiga
  • Dolor de estómago
  • Distensión abdominal
  • Dolor de cabeza
  • Inflamación de las articulaciones
  • Problemas en la piel

No significa que si puntualmente sufres alguno de estos síntomas, sufras alguna intolerancia alimentaria, pero si se repite en el tiempo, y siempre coincide con la ingesta de un mismo alimento o tipo de alimento, conviene visitar al médico para indagar cuál puede ser la causa.

Existen dos tipos de intolerancias alimentarias, según el proceso que interviene en su aparición: las intolerancias alimentarias inespecíficas y las intolerancias alimentarias metabólicas.

En las metabólicas, el organismo es incapaz de digerir correctamente un alimento por déficit de enzimas  u otro tipo de fallos de tipo orgánico. Dicho de otro modo, el organismo es el que tiene el problema. La mejor manera para detectar este tipo de intolerancia es mediante pruebas específicas, como por ejemplo, en la intolerancia a la lactosa, en la cual existe un déficit de la enzima lactasa.

En la inespecífica sucede al contrario, cuando según qué tipos de alimentos no son asimilados por el organismo. Este tipo de intolerancias son más complejas que las metabólicas, y por tanto, más difíciles de diagnosticar. También existe la condición de que no siempre ocurre, es decir, quizá hoy un alimento X no sienta bien y produce molestias, y mañana no. En estos casos, y para prevenir problemas, siempre es recomendable dejar de consumir ese alimento. También tiene la particularidad de que es transitoria, no es de por vida como la metabólica.

Intolerancias alimentarias más comunes

· Intolerancia a las proteínas de la leche de vaca (PLV)

La leche está formada por dos fracciones: la caseína y el suero. En dicho suero, existen dos tipos de proteínas que no se encuentran en la leche materna y que en algunos niños suele ser causante de intolerancias y alergias.

Suele aparecer durante los primeros meses de vida en niños que han tomado leche artificial. Los síntomas que aparecen en los niños que la padecen son  vómitos, diarrea, pérdidas de sangre por lesiones en la mucosa intestinal y anemia. Su tratamiento es sencillo: evitar todo aquel alimento que contenga leche, proteínas de la misma o derivados lácteos de vaca. Esta intolerancia habitualmente suele desaparecer espontáneamente sobre los 2-3 años de edad.

· Intolerancia a la lactosa

En este caso, existe un defecto en la metabolización de la lactosa (azúcar de la leche). Puede ser de dos tipos: Congénita (desde el momento del nacimiento existe déficit de enzima lactasa) o Transitoria (tras alteraciones de la mucosa intestinal). Los síntomas más frecuentes son espasmos abdominales y diarrea acuosa, amarillenta y muy ácida (provoca irritaciones).

El tratamiento a seguir en estos casos es eliminar todo aquel alimento que contenga lactosa, tanto de manera natural como añadida y en cualquier cantidad (incluso cuando son trazas), para siempre en el caso de la congénita y unas 4-6 semanas en el caso de la transitoria.

· Intolerancia al gluten o celiaquía

En este tipo participan los alimentos que contienen gluten, siendo éstos los cereales trigo, centeno, cebada y avena o derivados de los mismos. En la celiaquía la mucosa del intestino sufre atrofias en sus vellosidades. Como excepción, en la intolerancia al gluten sí participa el sistema inmunológico.

Aparece entre los 6 y 18 meses cursando síntomas como apatía, irritabilidad, dolor abdominal, diarrea, déficit de crecimiento y distensión abdominal severa.

Al igual que el resto de intolerancias, su tratamiento consiste en eliminar de por vida todos los alimentos de la dieta que puedan contener gluten.

Tal y como se ha explicado, en todos los tipos de intolerancias alimentarias se produce un daño en la mucosa intestinal y en el tracto digestivo debido a la reacción de éstos a las sustancias que el organismo no ha metabolizado. La flora intestinal se ve fuertemente afectada, aun cuando la intolerancia ha sido detectada y se han puesto medidas preventivas al respecto. Para paliar los síntomas derivamos de estas intolerancias, los probióticos son de gran ayuda para conseguir un correcto confort digestivo y bienestar intestinal. FLORA DIEZ es el complemento alimenticio  ideal. Gracias a su contenido en Bifidobacterium lactis, Lactobacillus rhamnosus y Bifidobacterium longum ES1, Calcio, Fibra y prebióticos ayuda a restablecer el equilibrio en la flora intestinal, además de disminuir la inflamación causada por la exposición de la mucosa a las sustancias causantes de la intolerancia. Puedes encontrar este, y otros productos de la Gama Flora aquí. ¡Escoge el que mejor se adapte a tus necesidades!

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