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El desequilibrio de la flora intestinal afecta al comportamiento

Según una nueva investigación de la Universidad McMaster, financiada por la UE y publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), parece ser que las bacterias que viven en el intestino influyen en el comportamiento y en el desarrollo del cerebro. Los hallazgos sugieren que la colonización de nuestros intestinos por microbios en nuestra primera infancia puede ser fundamental para el desarrollo saludable del cerebro. La investigación también puede tener implicaciones relativas a nuestra comprensión de los trastornos psiquiátricos.

En este ensayo, los científicos demostraron que la conducta de una serie de ratones podía alterarse generando un desequilibrio en su flora intestinal. El descubrimiento es muy importante porque sugiere que existiría un vínculo entre un contenido bacteriano anómalo en el intestino y ciertas alteraciones del comportamiento. Asimismo, expone el potencial terapéutico para trastornos de conducta de las bacterias probióticas, responsables de restablecer la flora intestinal.

Las bacterias que residen en el intestino influyen tanto en la química del cerebro como en el comportamiento.

Según informa la Universidad McMaster, este hallazgo es importante ya que diversos tipos de enfermedades gastrointestinales comunes, como el síndrome de intestino irritable, se han asociado frecuentemente con la ansiedad y con la depresión.
Igualmente se ha especulado con que algunos trastornos psiquiátricos, como el autismo de inicio tardío, pudieran estar relacionados con un contenido bacteriano anómalo en los intestinos de los afectados.

Según Stephen Collins, profesor de medicina de la Michael G. DeGroote School of Medicine de la Universidad McMaster y uno de los autores de la investigación, las conclusiones obtenidas crean un estímulo para la realización de futuras investigaciones sobre el componente microbiano de los trastornos del comportamiento. Los resultados obtenidos se han publicado en la revista Gastroenterology.

Los investigadores comentan que en los intestinos de cada persona conviven 2.000 especies bacterianas diferentes que conforman lo que se denomina la flora intestinal. Estas bacterias llevan a cabo funciones esenciales para nuestra salud, como colaborar  en la absorción de nutrientes, sintetizar compuestos o proteger de infecciones. Cualquier trastorno en el equilibro de este ecosistema intestinal puede provocar peligrosos problemas de salud.

Pero, gracias a las últimas investigaciones, parece que la salud física no sería lo único que se resiente como consecuencia del desequilibrio bacteriano de los intestinos. La investigación de Collins y Bercik, realizada con ratones adultos sanos, ha demostrado que la desestabilización del contenido bacteriano corriente del intestino, mediante el suministro de antibióticos, también puede afectar al comportamiento.

En los estudios realizados, se provocaron una serie de desestabilizaciones, los científicos suministraron a los ratones una mezcla de antimicrobiales (neomicina, bacitracina y pimaricina), que tomaron con el agua de beber, durante un periodo de siete días.

Los cambios provocados en la flora intestinal de los ratones vinieron conducidos de un incremento en el llamado factor neurotrópico derivado del cerebro (BDNF), que es una proteína activa en ciertos campos del cerebro, como el hipocampo, la corteza, el cerebelo y las zonas fundamentales para la enseñanza, la memoria o la motivación, entre otras. El BDNF ya había sido relacionado anteriormente con la depresión y con la ansiedad.

Asimismo, los científicos comprobaron que, después de tomar los antibióticos, los comportamientos de los ratones variaron, y que éstos se volvieron más ansiosos o más cautelosos de lo que eran normalmente.

Cuando el suministro de los antibióticos orales fue suspendido, las bacterias del intestino de los ratones volvieron a su estado normal, lo que a su vez significó una recuperación del comportamiento corriente de los ratones, y también de la química cerebral de éstos.

Respecto a la relación, entre bacterias intestinales y comportamiento, los investigadores dieron un paso más en su estudio. Colonizaron a ratones libres de gérmenes y bacterias recogidas de ratones con un patrón de conducta diferente al de los primeros. De ese modo, pudieron descubrir que los ratones sin gérmenes y con una estructura genética vinculada con la conducta pasiva, cuyo intestino fue colonizado con bacterias procedentes de ratones con un comportamiento exploratorio, se convirtieron en animales más activos y osados.

De igual modo, ratones normalmente activos se volvieron más inactivos después de obtener bacterias de ratones cuyo fondo genético estaba asociado al comportamiento pasivo.

Collins confirma que estas conclusiones demuestran que, aunque muchas otras causas pueden determinar el comportamiento, la naturaleza y la estabilidad de las bacterias del intestino influyen también en éste. Cualquier trastorno en la flora intestinal, provocado por antibióticos o infecciones, puede producir cambios en el comportamiento.

Bercik añade que la presente investigación sienta las bases de futuros estudios sobre el potencial terapéutico de las bacterias probióticas en el tratamiento de trastornos del comportamiento, en especial de aquéllos relacionados con condiciones gastrointestinales, como el mencionado síndrome de intestino irritable. Las bacterias probióticas son las bacterias que contribuyen al equilibrio microbiano intestinal.

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