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Control de la presión

La hipertensión arterial es un estado patológico determinado por un incremento continuado de la tensión arterial por encima de los valores que se consideran “normales”, esto es 140 de sistólica (14 de “máxima”) y 90 de diastólica (9 de “mínima”).

Cuando se procede a la toma de la tensión arterial nos facilitan dos cifras: la inicial es la tensión arterial sistólica (conocida como máxima o alta) mientras que la segunda es la tensión arterial diastólica (conocida como mínima o baja). La tensión arterial sistólica y la tensión arterial diastólica no son dos tipos diferentes de tensión arterial, sino dos aspectos del propio proceso.

La tensión arterial normal en adultos es de 120 cuando el corazón late (tensión sistólica) y de 80 cuando el corazón se relaja (tensión diastólica). Cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 o la tensión diastólica es igual o superior a 90, la tensión arterial se considera alta o elevada.

La hipertensión, por tanto, es la señal de alerta de un mayor ” riesgo cardiovascular”: problemas cardíacos (infarto, angina o insuficiencia cardíaca), renales (insuficiencia renal) y cerebrales (hemorragia o infarto cerebral y a la larga demencia), por ese motivo, aunque nos encontremos perfectamente, debemos tomar medidas para un mayor control.

La hipertensión arterial es una patología crónica que consiste en el aumento de la presión arterial. Una de las características de esta enfermedad es que no presenta unos síntomas claros y que estos no se manifiestan durante mucho tiempo.

La hipertensión arterial es una patología crónica que consiste en el aumento de la presión arterial. Una de las características de esta enfermedad es que no presenta unos síntomas claros y que estos no se manifiestan durante mucho tiempo.

Los primeros efectos de la hipertensión las sufren las arterias, que se endurecen a medida que resisten la presión arterial alta de un modo continuado, las arterias son más gruesas y puede verse obstaculizado el paso de sangre a través de ellas. Esto se conoce con el nombre de arteroesclerosis.

Según datos de la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (Seh-Lelha), en España existen más de 14 millones de personas con hipertensión. De esta cantidad, 9,5 millones no están controlados y 4 millones están sin diagnosticar.

Es importante destacar que en la mayoría de las ocasiones no existe una causa específica desencadenante de hipertensión, por lo que se designa hipertensión primaria o hipertensión esencial. El 90% de las personas hipertensas serían de este grupo. A pesar de no encontrar una causa específica si existen condicionantes que incrementan la probabilidad de desarrollar hipertensión arterial, como por ejemplo lo son la edad avanzada y los antecedentes familiares de Hipertensión arterial. Se deben contemplar otras enfermedades como la diabetes, el colesterol elevado y la obesidad, ya que también predisponen a padecer hipertensión arterial.

Aparece un porcentaje más pequeño de casos en los que la hipertensión arterial es secundaria a alguna circunstancia concreta: consumo de alcohol, algunos fármacos como corticoides, antiinflamatorios o anticonceptivos en mujeres, también enfermedades renales, y otros trastornos menos comunes.

Tal y como comentábamos anteriormente, la hipertensión habitualmente no causa síntomas. Las personas que tienen una presión arterial elevada generalmente no son conocedores hasta que disponen a tomarla. En algunas ocasiones, se pueden experimentar síntomas como:

  • Mareos
  • Visión borrosa
  • Dolores de cabeza
  • Náuseas y vómitos
  • Dolores en el pecho y dificultad para respirar

En cuanto a las graves lesiones, que puede causar una hipertensión elevada y crónica, podemos encontrar:

  • Aneurisma
  • muerte
  • embolias
  • angina de pecho
  • insuficiencia renal
  • infarto de miocardio
  • insuficiencia cardíaca
  • hemorragias cerebrales
  • Graves lesiones invalidantes
  • Accidente cerebrovascular o accidente isquémico transitorio (AIT)
  • Daño ocular con pérdida progresiva de la visión
  • Enfermedad arterial periférica que causa dolor en las piernas al caminar (claudicación)

De interés: Practicar ejercicio moderado y adecuado a las posibilidades de cada persona es una forma perfecta de mejorar el control de la presión arterial, también ayudando con otros factores de riesgo como la mejora de la diabetes y el colesterol o mantener y conseguir un peso adecuado.
En cuanto a la alimentación, se recomienda la dieta mediterránea, que se determina por la cantidad de productos frescos de origen vegetal: frutas, verduras, cereales, patatas, frutos secos, la escasez de productos ricos en azúcares refinados y carnes rojas, la presencia del aceite de oliva como la principal fuente de grasa, y la inclusión de queso, yogur, pollo y pescado en cantidades moderadas, lo cual se considera una alimentación excelente para la prevención de las enfermedades cardiovasculares.

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