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La hipotensión es el apelativo técnico de una baja presión arterial. Se origina cuando los latidos del corazón tienen un ritmo más lento de lo habitual. Por esta razón, ni el cerebro, ni el corazón ni el resto del organismo percibe la sangre necesaria, lo que puede dar lugar a mareos y desmayos.
Podemos hablar de hipotensión cuando la presión máxima y mínima se sitúan por debajo de los valores normales (entre 90 y 120 y entre 60 y 80, respectivamente).

Existen varios factores que pueden ser la causa de hipotensión:

  • Porque los mecanismos fisiológicos que sustentan la presión arterial no trabajan de un modo adecuado y transmiten señales de forma incorrecta
  • Permanecemos un largo periodo de tiempo de pie, afectando sobre todo a jóvenes y niños.
  • Cuando se produce una hemorragia aguda, ya que es muy probable que el enfermo presente hipotensión.
  • Ingesta de drogas, alcohol, analgésicos, medicamentos usados para la cirugía, diuréticos, etc.
  • La persona afectada presenta diferentes arritmias, deshidratación, anafilaxia o una diabetes descompensada.
  • Pérdida de volumen sanguíneo y fluidos corporales: deshidratación, hemorragias, gastroenteritis, etc.
  • Infecciones graves (pancreatitis, shock séptico), etc.
  • El hecho de tener “la tensión normalmente baja”, que ocurre en un grupo importante de la población, no suele tener consecuencias, lo dañino y perjudicial es presentar la presión arterial elevada. Las personas que practican ejercicio con regularidad, los atletas, las personas con un peso apropiado y los no fumadores suelen tener una presión sanguínea más baja que el resto.

La hipotensión aparece cuando la presión arterial es mucho más baja de lo normal. Esto significa que el corazón, el cerebro y otras partes del cuerpo no reciben suficiente sangre.

Entre los síntomas que pueden aparecer al padecer esta afección podemos encontrar:

  • Vértigo.
  • Mareos.
  • Debilidad.
  • Visión borrosa.
  • Náuseas y vómitos.
  • Desmayos o desvanecimientos.
  • Somnolencia y desconcierto momentáneo.
  • Confusión e incluso pérdida de conocimiento.

Es importante destacar que existen diferentes tipos de hipotensión, las cuales se pueden clasificar en:

Hipotensión ortostática: se define como la caída de la presión arterial sistólica entre 10 y 20 mmHg al pasar de la postura de tumbado a estar de pie de forma repentina en un corto espacio de tiempo. Esta caída de presión es debida a que los mecanismos fisiológicos que sustentan la tensión arterial no actúan de forma adecuada, generando una disminución de presión arterial que no se recupera al ponernos de pie produciendo generalmente sensación de mareo y de inestabilidad. Esta bajada de la tensión sólo suele durar unos segundos o minutos.

Hipotensión ortostática postprandrial: en este caso, la causa es igual que la anterior, con la particularidad añadida de que se origina después de comer. Este tipo de hipotensión afecta más frecuentemente a los adultos mayores, a aquellos que tienen presión arterial alta o a los que padecen Parkinson.

Hipotensión mediada neuralmente: Es debida a una descoordinación entre el bombeo del corazón y el cerebro. Se determina por bajadas bruscas de la presión sanguínea. Las personas que la padecen, no pueden mantenerse en situación vertical durante mucho tiempo.

Hipotensión grave: Este tipo de hipotensión puede originarse por una una infección que revista gravedad, una pérdida repentina de sangre, un ataque al corazón, una reacción alérgica con carácter intenso, diversas arritmias, consumo de fármacos etc.

De interés:

La hipotensión arterial se puede prevenir siguiendo algunos consejos como beber abundantes líquidos para evitar la deshidratación que puede desencadenar un síncope, no consumir alcohol ya que deprime el ritmo cardíaco y disminuyen las cifras de tensión arterial, mantener una dieta equilibrada o realizar diariamente ejercicio físico moderado.
No olvidemos que al incorporar el cuerpo deberemos realizar el movimiento lentamente.

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